
Creo que no hay día que no me acuerde del mes que estuve trabajando en el Hacking 2010 del Quebrantahuesos de la Fundación Gypaetus. Mis compañeros voluntarios y técnicos, mi querida familia de pastores, la sierra de Castril, su pueblo y su gente, y, por supuesto, mis pequeños quebrantas Hortelano, Huéscar y Blimunda, a todos ellos, les echo muchísimo de menos.
Hoy he recordado la entrañable escena que tuvo lugar en el segundo día de vuelo de Blimunda. Esta pequeña quebranta, cansada de la emoción del día anterior por volar por primera vez, se despertó y se tragó entero un trozo de carne con su hueso, el cual dejamos a su lado por la noche sin que nos viera. Después de desayunar y de descansar un poco, alzó de nuevo sus alas al viento y se lanzó al vacío. Planeó hasta llegar al pequeño riachuelo de Canalejas, y allí descubrió algo que jamás había visto: ¡Agua!
Nerviosa y con su escleróticas rojas de la excitación, comenzó a frotar su pecho con el agua y la tierra del lecho, a aletear y beber. Jamás olvidaré el primer baño de Blimunda, y seguramente ella tampoco.
