
Las chovis nos tenían enamorados. Una de nuestras tareas en el voluntariado del GIA-León en Picos de Europa consistía en la lectura a larga distancia de chovas anilladas anteriormente por dicho grupo de anillamiento. Las pequeñas no tenían ningún pudor para acercarse a nosotros ya que, en verano, se alimentan de las sobras que los abundantes turistas les proporcionan en algunos lugares concretos de Picos, como el teleférico de Fuente Dé o el Hotel-Refugio de Áliva.

Por tanto, tengo miles de fotos de estos córvidos que posaban en estos sitios. Era curioso como, los mismos ejemplares, según la zona en la que se encontraban eran más o menos reacios a acercarse a los humanos. Por ejemplo, el tiempo que estuvimos en el refugio de Andara no quisieron bajar, aunque el guarda nos dijo que sí lo hacían, siempre y cuando te escondieras. Mientras que en otros sitios, como en Cabaña Verónica, algunas chovas eran incluso capaces de coger la comida de tu mano.

Asimismo, en invierno, las chovas bajan a los valles después de haber criado a sus pequeños en las grietas de las montañas rocosas de Picos. En esta época del año van en grandes grupos y es imposible acercarse a ellas ya que hay gente de la zona que les dispara. Unas aves muy inteligentes que saben cuándo acercarse a esa especie tan extraña , la cual, según la estación, las alimenta o las mata.

De manera frecuente, la chova piquigualda está presente al norte de la Península Ibérica. Cría sólo en montañas, en torno a los 1500 y 3900 metros, pudiéndose ver todo el año . Incansable, tiene un dominio del vuelo que nos dejó fascinados, bailando en el aire sin importarle las inclemencias del tiempo ni las fuertes ráfagas de aire de las altas montañas.

PD: Priiiiiiiiii!!!!