03 agosto, 2016

El alma de North Ronaldsay



Pensando en lo imposible, en todas las cosas que creí que jamás haría y ahora forman parte de mis recuerdos, me viene a la memoria aquel invierno gaditano, hace tantos años atrás, cuando vi por primera vez un fulmar. El pobre animal llegó muerto a la orilla después de sufrir una tempestad que ya nunca pudo contar. Por desgracia, son muchas las aves que he visto varadas, pero guardo especial recuerdo por el hallazgo de ese fulmar medio enterrado en la arena.



Actualmente, esta especie forma parte de mi día a día. Verano gris, a veces blanco, como su plumaje. En esas jornadas tan frecuentes donde la niebla no me deja ver el horizonte, siento como los reyes de la isla me observan desde sus nidos, junto con sus crías, a lo largo de mis caminatas durante los censos. Tan adorables como bravos, los polluelos no dudan en mostrar el singular carácter de la especie desde sus primeros días de vida.


Siempre indomables, seguros de sí mismos, de sus habilidades disuasorias y su maestría en el vuelo rasante, ellos no me temen. Y soy yo quién, con paso ligero, intento evitar llevarme un merecido vómito en mis pantalones por mi osadía de caminar por su isla.

Aquí encontré la belleza en lo arduo, en la sencillez de quien quiere pasar inadvertido, pero el ímpetu que recorre sus venas estalla entre las rocas con la más mera brisa, no pudiendo ocultar su verdadera naturaleza. Carácter y agresividad, parsimonia y mesura, el cielo decide cómo afrontará el nuevo amanecer. No podría estar más enamorada de ellos. Son el alma de North Ronaldsay. 



3 comentarios:

  1. Siempre me han fascinado los fulmares. Incluso cuando no era aficionado a la ornitología, me encantaba verlos en los documentales y en los libros. Quizás sea porque representaba el norte, las tierras frías, tan lejanas e inhóspitas para un gaditano (que te voy a contar!).

    Gracias por compartir tu experiencia y no dudes de que algún día iré a visitarte/visitarlos y a que me vomiten en los pantalones.

    Un abrazo, Carmen!

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  2. Qué bonita escena de los cuatro pollos en las cuatro esquinas de esta mágica estancia de piedra en ese maravilloso lugar en que estás, Carmen.

    Cariñosamente

    Andrés Requejo de las Heras

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  3. Qué bonita escena de los cuatro pollos en las cuatro esquinas de esta mágica estancia de piedra en ese maravilloso lugar en que estás, Carmen.

    Cariñosamente

    Andrés Requejo de las Heras

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